Búsqueda de sentido

El Señor es mi Pastor
(Salmo 23)

El Señor es mi pastor, nada me falta.
En prados de hierba fresca me hace reposar,
me conduce junto a aguas tranquilas, y repone mis fuerzas.
Me guía por la senda del bien, haciendo honor a su nombre.
Aunque pase por un valle tenebroso, ningún mal temeré:
Porque tú estás conmigo; tu vara y tu cayado me dan seguridad.
Me preparas un banquete para envidia de mis adversarios,
perfumas con ungüento mi cabeza y mi copa rebosa.
Tu amor y tu bondad me acompañan todos los días de mi vida;
y habitaré en la casa del Señor por días sin término.

 

Texto para la oración
(Qo 1, 12 –2, 11 –libro eclesiastés–)

La penosa tarea del sabio

Yo, Qohélet, fui rey de Israel en Jerusalén, y me dediqué a buscar
e investigar con sabiduría todo lo que se hace bajo el cielo:
penosa ocupación la que Dios ha dado a los hombres para que se dediquen a ella.
He observado todas las obras que se hacen bajo el cielo y me he dado cuenta
de que todo es vanidad y caza de viento.
Lo torcido no se puede enderezar, y lo que falta no se puede contar.
Y me dije: He aumentado y ampliado la sabiduría respecto a los que me precedieron
en Jerusalén, y mi inteligencia ha adquirido gran sabiduría y ciencia.
Me he aplicado a distinguir sabiduría y ciencia, ,de locura y necedad;
Y he conclui do que también eso es caza de viento; porque dónde abunda la sabiduría,
abunda el sufrimiento, y a más ciencia, más dolor.

La alegría y los placeres

Entonces me dije: Prueba la alegría y busca el placer. Pero resulta que también esto es vanidad.
A la risa la llamé «locura» y a la alegría «inutilidad». En mi búsqueda de la sabiduría, decidí
regalar mi cuerpo con el vino, y darme a la necedad, para descubrir cuál es la felicidad de los
hombres que se afanan bajo el sol en los días de su vida.

El trabajo y la riqueza

Emprendí grandes obras: me construí casas, planté viñas, me hice huertos y jardines, y planté
en ellos toda clase de árboles frutales; perforé pozos para regar un bosque de árboles. Compré
siervos y siervas, y nacieron nuevos siervos en mi casa. Tuve más rebaños de vacas y ovejas
que cuantos me habían precedido en Jerusalén. Acumulé plata y oro y tesoros de reyes y
provincias; me procuré cantores y cantoras, y cuantas mujeres puede un hombre desear.
Prosperé y superé a todos cuantos me habían precedido, y nunca me faltó la sabiduría.
No negué a mis ojos nada de cuanto deseaban, ni privé a mi corazón de alegría alguna;
mi corazón gozaba con todo lo que hacía, y esa era la recompensa de todos mis trabajos.

Después reflexioné sobre todas las obras de mis manos, consideré lo que me había costado
hacerlas, y concluí que todo es vanidad y caza de viento, y que no hay ningún provecho bajo el sol.

 

Reflexión

La búsqueda de sentido comienza cuando, anteriormente, uno ha puesto el sentido de su vida en algo que ahora ha dejado de tener consistencia. En la vida, muchas veces sin proponérnoslo, aparecen experiencias que me hacen cuestionar el sentido de la vida:

  • Ante la enfermedad, ante la pérdida de un ser querido, sobre todo si es una muerte repentina o es un hijo, nos quedamos en el aire.

  • Tantas energías, tantos proyectos, tantos ideales, ¿para esto?

  • Ante un conflicto laboral o social en el que he tomado partido, y ha quedado al descubierto la condición humana con sus límites y locuras.

  • Ante un fracaso afectivo…

  • Delante de la televisión, imágenes de sufrimiento, de injusticia. Allí donde el poder del mal puede al bien: muerte, injusticia, violencia y desesperanza.

  • Toda la vida intentando ser mejor persona, responder a mi ideal de entrega a los demás y, a estas alturas me descubro egoísta, juzgando con dureza los comportamientos de los que me rodean.

  • La crisis en relación a lo espiritual. ¿Todo esto no será un montaje? ¿Qué certezas puedo tener?

En muchas ocasiones, no se presentan situaciones tan bien definidas. Es esa especie de insatisfacción difusa: “No sé qué me pasa, pero hay algo en mí que no funciona. No tengo razones para quejarme, pero algo me falta”.

  • ¿Cuál ha sido y cuál es hoy el sentido de tu vida? ¿A cambiado en el tiempo?

  • ¿Has tenido experiencias de sinsentido que hacen que busques un nuevo sentido?

  • ¿Qué has aprendido a través de la experiencia del sin sentido?

  • ¿Qué actitud tienes ante la crisis de sentido?

***

Los textos bíblicos no dan respuestas, pero nos suscitan nuevos horizontes de sentido.

En el salmo, el Señor se nos da a conocer como Alguien capaz de conducir nuestra vida a lugares de descanso y sentido pleno, incluso a través de valles dónde la niebla es densa y el sufrimiento acompaña. En situaciones de dificultad, la tentación es de huida y desesperanza; pero Su amor y bondad nos habita, y nos hace permanecer y confiar, a pesar de todo.

La sed de sentido queda saciada para siempre, cuando conocemos y experimentamos en nuestro corazón, el amor fiel y Absoluto de Dios. Fruto de este encuentro, el creyente canta agradecido: ¡El Señor es mi pastor, NADA ME FALTA! Y desde ahí se redescubren todas las demás realidades: la ética, el amor al prójimo, el amor de pareja y de familia, el sufrimiento,…

También cabe el desengaño, cuando utilizamos a Dios como si fuera un objeto, una idea, un ídolo manejable según nuestras necesidades de gratificación infantil.

***

El Eclesiastés parte de la experiencia del sin-sentido. No se aferra a respuestas hechas, aunque vengan de la tradición religiosa… Ha probado a sentarse en todo tipo de tronos, y ha conocido en propia carne que ninguna de ellas le quita la sed honda del corazón… Se atreve a quedarse sin punto de apoyo y lanzar al viento, las preguntas sin respuesta. Se atreve a buscar aunque sea de noche.

 

Canciones

En el momento que quieras, puedes escuchar cualquiera de estas dos canciones:

1) Te estoy preguntando, Señor

(Traducción del texto en euskera)

Te pregunto, Señor,
por qué sufrimos los humanos en este mundo.
Te pregunto, Señor,
por qué el mal nos hiere tan a menudo.
Por qué los niños pequeños,
siendo inocentes, mueren
de hambre en brazos de sus madres.
Por qué tienen algunos tanto y otros tan poco,
por qué estamos siempre en guerra.
¿Por qué sufrimos, Señor?

Aunque pregunto a menudo,
aunque medito muchas veces, no lo entiendo.
La mente no lo comprende,
el corazón no lo soporta,
mis lágrimas son un mar.
He gritado la pregunta en la Piedad
de Oteiza, y ¿qué responde
esa piedra fría del apostolado?
El cielo oscuro, en silencio,
la tierra triste ensangrentada,
y tú, Señor, no apareces.
¿Por qué sufrimos?

Cuando todas las preguntas se han
derretido en lágrimas,
se hace el silencio, se detiene todo.
No hay palabras, ni sonidos,
el sentimiento se desnuda,
y sudo impotencia.
Entonces el aire de la confianza
sopla en mi interior y se hace
la calma en mi corazón.
Dios bueno, si me amas,
por qué voy a dudar,
si eres mediodía en mis noches.
¡Señor, tú estás conmigo!

Señor, sigo teniendo preguntas
y teniendo dolores,
y ¿qué voy a decir?
Sé bien que has muerto y vives
por amor a mí, no voy a tener miedo.
Cuando todo se oscurece,
y todo es difícil de entender,
tú me darás una paz grande.
Se me iluminará dentro de mí
el misterio del mal, y aun con dolor
tendré mucho gozo.
!Señor, tú eres mi gozo!
¡Señor, tú eres mi confianza!

 

2)El Señor es mi suerte

(Traducción del texto en euskera)

Voy al Señor en busca de paz,
¡él es mi Dios!
Mi futuro está en sus manos,
¡tengo el corazón sereno!

El Señor es mi herencia luminosa.
¡Qué historia de amor!
El Señor es la base de mi paz.
¡Me gusta mi suerte!

No adoraré los ídolos,
porque no son dios.
No me someteré a ellos,
no los serviré.

El Señor es mi herencia luminosa.
¡Qué historia de amor!
El Señor es la base de mi paz.
¡Me gusta mi suerte!

Por eso me alegro inmensamente,
descansaré en el gozo.
El Señor no me quitará la vida,
el justo no se corromperá.

El Señor es mi herencia luminosa.
¡Qué historia de amor!
El Señor es la base de mi paz.
¡Me gusta mi suerte!

Enséñame el camino de la vida.
¡Dame, Señor, gozo pleno!
Llévame a la paz sin fin.
¡En el gozo del cielo!

 

Poema de Iñaki Beristain

¿Qué tiene tu palabra, Señor,
para fascinarme así,
para robarme el corazón
sin remedio?

¿Qué tiene tu palabra, Señor,
para hacer tambalear
mis firmes seguridades
y hacer surgir la duda,
para aturdir las intenciones más firmes
de mis entrañas?

Me dicen que es tu mensaje.
Pero ¿qué mensaje?
Voy sobrado de mensajes y códigos,
embriagado de palabras…
Sea como sea tu mensaje,
no es lo que me tiene en tensión.

Que si es doctrina para vivir bien,
doctrina para portarse bien, me dicen.
Muchas pedradas de doctrinas
me han herido el corazón,
dejándome indispuesto, frío.
No puede ser la doctrina
lo que me ha enamorado.

¿Qué tiene entonces tu palabra
para maravillarme así
y dejarme herido de amor?
Cuando he acallado las palabras,
he comprendido la Palabra de tu Palabra.
Cuando he acallado las preguntas,
he escuchado el misterio:

Tu Palabra te tiene a Ti
y Tú me has herido,
atrapándome sin remedio,
fascinando mi interior…
¡Es que tu Palabra eres Tú!

 

Oración final
(San Francisco de Asís)

Sumo, glorioso Dios, 

ilumina las tinieblas de mi corazón 

y dame fe recta,
esperanza cierta 
y caridad perfecta, 

sentido y conocimiento, Señor,
para que cumpla 
tu santo y veraz mandamiento.

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